viernes, 20 de abril de 2012

Me casé y creo que después de más de dos años mi esposo no supo que hacer conmigo y por eso me puso en un avión rumbo a México y luego no quiso saber más de mi, si, tecnicamente no estoy divorciada en Japón, y no tengo la menor idea de que es lo que procede.

La vida de un bipolar no se trata de sufrir ataques de personalidad múltiple, tampoco que no podamos funcionar en sociedad, sino que si no nos mantenemos con un régimen de medicamentos sufrimos arranques que nos llevan a hacer cosas de las que con el paso del tiempo nos arrepentimos. En mi caso, es querer escapar de todo, a veces escapar de mi propia vida o terminar con ella cuando no estoy controlada, y eso me ha hecho caer en institución mental más de tres veces. Pero hay que atribuirselo al hecho de que cualquier cosa mala que nos pasa viene en cadena y por lo tanto somos pesimistas la mayor parte del tiempo perdíendonos de las pequeñas cosas buenas de la vida sin tomar en cuenta de que la vida sigue a pesar de que no estemos en ella.

Antes escribía como loca, ya sea poemas, novelas o libros, cantaba, tomaba la guitarra y cantaba a todo pulmón grabando las mejores coplas, incluso hacia ejercicio y adoraba cocinar... ¿a donde se fue todo eso?

Estoy divagando, como siempre, mil disculpas.

Siempre hay que pensar que mañana será un buen día, aunque no lo sea o creamos que no lo será, reír aunque sea una vez al día por una estupidez y aprender a amar algo. Yo aun busco eso que hay que amar, ese buen día que hay que esperar, pero de vez en cuando encuentro eso tan estúpido de lo que puedo reírme.

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